Cuando ves a un hombre desnudo, ¿qué miras?

 

 

Los hombres desnudos con cuerpos bellos siempre me han fascinado. Cuando a lo largo del tiempo notas que este interés se va manteniendo inalterable, llega un momento en que entiendes que se trata de una pulsión personal profunda y que, como tal, lleva dentro una energía que estaría bien aprovechar. Es entonces que sientes la necesidad de dejar que esta inquietud se exprese de alguna manera y te lleve a algún lugar. Te gustaría canalizarla y desarrollarla, tal vez por los caminos de la reflexión y la creación y, al mismo tiempo, compartirla con otras personas.


En un primer momento, aún no sabes qué hacer ni cómo. Debe pasar un tiempo de espera en el que van apareciendo en la mente algunas ideas que sin embargo no llegan a puerto, hasta que un buen día el azar te ofrece una oportunidad que te hace ver muy claramente que es eso lo que buscabas , estiras de ella y llegas donde estás ahora. Esto es lo que pasó cuando mi amigo Floren me propuso hacer un calendario del año 2006 con fotografías de jugadores de baloncesto desnudos. Sin pensármelo dos veces y sin ninguna experiencia previa en ese campo compré una cámara nueva y me lancé de lleno. Intuía que la fotografía era una forma de empezar un camino que hacía tiempo que tenía ganas de recorrer, a pesar de que hasta ese momento nunca había sentido un interés especial por un medio que me parecía demasiado plano y estático para satisfacer adecuadamente las ansias de movimiento, tridimensionalidad e interactividad del mundo actual.

Posteriormente, con ganas de seguir trabajando en el campo del desnudo, puse en marcha el proyecto "¿Qué miras?" Con la publicación de un libro de fotografías titulado LOOKING y la creación de esta web donde cuelgo los trabajos que voy haciendo. Se trata de un trabajo personal completamente autofinanciado y de acceso libre que nace del convencimiento de que la visión de un hombre desnudo tiene una gran fuerza y no deja nunca indiferente. Por este motivo me parece interesante investigar el impacto que provoca su contemplación, luchando al mismo tiempo para liberarlo de los tabúes y los prejuicios que todavía lo condicionan y que dificultan poder admirarlo libremente con todo su esplendor y belleza en los espacios públicos.

A la gente le gusta el desnudo, sólo hay que ver el enorme mercado que hay alrededor de la imagen erótica tanto en fotografía como en vídeo. Pero debemos tener en cuenta que su distribución se hace por canales bien delimitados y dirigidos a unos consumidores específicos. En la calle y en los medios de comunicación destinados a un público general (publicidad, prensa, televisión, cine comercial, etc), el desnudo completo aparece muy poco. Y si sale, la mayoría de las veces es femenino. El hombre raramente aparece despojado de todo, y nunca en visión frontal. De hecho, ni siquiera en el ambiente gay se da una total normalidad, ya que, dejando al margen el mercado específico de la pornografía, lo que se ve más a menudo en revistas y en anuncios más genéricos es el hombre desnudo que casi siempre oculta de alguna forma los genitales, o bien con una toalla o trapo o bien por medio de sombras y de posturas un poco forzadas.


Si nadie se extraña de que el David de Miguel Ángel se exhiba orgullosamente en medio de una plaza, ¿por qué no vemos desnudos integrales en los grandes paneles publicitarios que inundan nuestras calles y carreteras? ¿Por qué a nuestra sociedad le cuesta tanto aceptar que una imagen masculina se muestre desnuda en público con total franqueza? ¿Cómo es posible que, a pesar de la gran extensión de libertades que hemos conseguido, aún no se haya producido la normalización del desnudo? Estas son las preguntas que me planteo y que están detrás de las fotografías que hago.